ManuMateo
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la Valija del Caminante

La selva de Archidona

Cuenca, Valladolid, Zamora. Los topónimos de origen español salpican el mapa del Ecuador, haciendo que uno tienda inevitablemente a buscar relaciones en lo incomparable. Así nos encontramos con Archidona, que lejos de su homóloga andaluza y sus áridos paisajes de olivos, se asienta humilde entre el verde manto de selva que baja rodando desde los Andes para perderse de vista en lo más profundo de la Amazonía.

Antes de aventurarse selva adentro, es parada obligada el patio de comidas que gestionan las familias del lugar, donde reponer fuerzas a base de traguitos de la revitalizante guayusa, y probar los maitos, atados de hoja de bijao que se cocinan al calor del carbón. Los hay de pollo, de tilapia, de carachama, sin embargo los más osados se atreverán con el de chontacuro, unas larvas de escarabajo grandes como elefantes.

Ahora sí, con el estómago lleno, nos atrevemos a descubrir los secretos que se ocultan bajo el entramado de hojas y ramas que se extiende alrededor, a sólo un paso del asfalto. Miramos hacia el cielo tratando de vaticinar el clima, sabiendo de antemano que igual lloverá, que saldrá el sol, o que todo de una. Lo mismo da.

Un paso, dos pasos. Ya no hay marcha atrás, la selva te envuelve, te devora, te revela. Sólo hay que ser paciente y escuchar, observar, esperar lo más grande y descubrir lo más diminuto. 

Allá vamos.