ManuMateo
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la Valija del Caminante

Marruecos, un viaje necesario

Marruecos es uno de esos lugares a los que siempre sueñas con regresar. Sabes y tienes por seguro que cuando vuelvas te va a sorprender como si fuera la primera vez. Si ya has estado por allí sabrás a lo que me refiero. Pero si no has estado allí, ¡¿a qué carajo estás esperando?! ¡Yala, yala!

He tenido la suerte de visitar unas cuantas veces este querido país y desde el inicio me cautivó. En realidad ha sido un destino muy especial para mí, pues supuso un choque fuerte para mi tierna inocencia de entonces, lo que me ayudó a crecer y madurar. Ahora, con el tiempo, pienso que son muchas las razones por las que descubrir Marruecos no es sólo interesante y recomendable, si no también necesario. Trataré de detallarte algunos motivos.

(Esta vez nos acompaña el grupo marroquí Nass El Ghiwane que viene a poner una pequeña banda sonora a nuestro viaje. Su presencia es todo un lujo, ¡no te creas que son poca cosa! Ahora puede que te parezcan una panda de viejos cualquiera, pero en los años '70 se atrevieron a reinventar la música tradicional de su país y llegaron a conocerles como los Pink Floyd marroquís...)

 

UN PAÍS VECINO

En primer lugar, Marruecos está aquí al ladito y es sencillamente un pecado no haber dado ya el salto. Me refiero a si resides en Europa, claro, y muy especialmente en España. ¡Y más aún en el sur de España, huevón! Y es que cambiar de continente nunca fue tan fácil. Tan sencillo como agarrar tu coche, meterlo en un ferry y antes de que te hayas dado cuenta ya te habrás plantado en África. Así de sencillo.

¿Sabías que entre Europa y el continente africano, en el Estrecho de Gibraltar, hay tan sólo una distancia de 14 km? ¿Y que desde Tarifa, en Cádiz, se aprecia fácilmente en el horizonte la silueta de la costa de África? ¡Tan cerca!

 

UN PAÍS HERMANO

Esta proximidad geográfica conlleva una proximidad histórica que conviene conocer, algo que también ayudará a conocerse. Y es que en realidad compartimos muchas más cosas de las que somos capaces de imaginar a priori.

Todo el mundo sabe que "los moros" (así como dicen nuestros libros de Historia) estuvieron en España unos 800 años y que nos dejaron multitud de cosas como legado cultural. Desde las acequias a las lágrimas de Boabdil, el álgebra, el garbanzo y el ajedrez, desde la Alhambra de Granada a palabras tan bellas como "aceituna".

Tampoco hace falta irse tan lejos para encontrar lugares comunes. Ahí tenemos a Melilla y a Ceuta que mantenemos incrustadas del otro lado del Mediterráneo. Date una vuelta por allí, vas a alucinar con el singular mestizaje que se vive por sus calles. También está la historia compartida del Sáhara, esa herida que no cierra y que sangra en soledad. En el mismo capítulo encontramos esas aventuras patrias que acabaron en desastre y que menospreciaron nuestros libros de historia (que no los suyos), como la verguenza de Sidi Ifni o la masacre de Annual. Aún hoy existen pequeños islotes a escasos metros de la costa marroquí que son suelo español, como el Peñón de Vélez o el de Alhucemas, y que sobreviven sorprendentemente cual despojos anacrónicos de un pasado colonial.

En resumen, nos unen siglos de historia que han ido dejado su huella en ambas culturas. Tanto es así, que cuando viajes por allá tendrás un poco la sensación de estar también viajando en el tiempo. Te soprenderás con detalles cotidianos como ver la carne colgando de un gancho en los escaparates, con el frenesí de las calles y los zocos, con el reparto del lechero o con la ditribución de botellas de butano a lomos de un burro. Te soprenderás con detalles cotidianos que seguro que a tus padres no les son tan ajenos.

 

UN PAÍS AMABLE Y ENRIQUECEDOR

Marruecos es una tierra acogedora y hospitalaria como ninguna. Allá donde te pierdas encontrarás una puerta abierta y una sonrisa que te recibirá con un plato caliente y un té humeante, la mejor de las excusas para dar pie a una buena conversación. La hospitalidad es aquí sagrada, no por ley divina, sino por simple disposición sincera de sus habitantes. Lleva cuidado, porque puede que tu anfitrión sea humilde pero en cuanto te despistes habrá sacrificado un cordero en tu honor.

Aquí tan cerca aprenderemos a valorar lo diferente y nos cambiaremos nuestras gafas de ver para observarlo todo con ojos nuevos. Entonces descubriremos un Marruecos mágico y verdadero que te sorprenderá día tras día. Comprenderás que aquí el tiempo tiene su propio ritmo, "que la prisa mata, amigo", y asimilarás esta palabreja que tanto escuchas que es casi una filosofía en sí misma: el shuiya-shuiya, el poco a poco.

En definitiva, conocerás y profundizarás en una cultura diferente pero que te es cercana al mismo tiempo, pero sobre todo servirá para crearse una idea propia basada en experiencias reales que ayudarán a derribar estereotipos y a superar prejuicios. Porque al fin y al cabo la ignorancia y el miedo son los padres del racismo, y eso sólo se cura viajando.

 

UN PAÍS LLENO DE SORPRESAS

Marruecos es mucho más que dunas y camellos. Encontrarás un amplia oferta de destinos, de paisajes, de ocio y también de presupuestos. Es cierto que lo más habitual es visitar las principales ciudades, como Casablanca, Fez o Marrakech, pero te recomiendo que explores más allá de los muros de las medinas y te pierdas por los caminos para descubrir los pequeños pueblos en donde habita un Marruecos más libre de convencionalismos. Ve con tu coche o procúrate uno de alquiler, ¡te aseguro que no te decepcionará la experiencia!

Si prefieres la comodidad (y tu bolsillo lo permite), existe un buen surtido de hotelitos con encanto, y te podrás alojar en alguno de los famosos riads o incluso en una kasbah rehabilitada. De lo contrario, encontrarás alojamientos con todo tipo de precios, no te preocupes.

Más allá de los cielos estrellados del desierto, con sus jaimas y sus dunas y sus camellos, te soprenderás con paisajes que no esperarías encontrarte por estos lares. Desde playas que poco tienen que envidiar a las de la costa griega a los destinos surferos de la vertiente atlántica. Desde unos oasis despampanantes que ni los de Aladdin a unos bosques nevados de impresionantes cedros con sus monos y todo.

Y por último y no menos importante: vas a comer como un maharajá. Marruecos es un país con una cultura gastronómica extraordinaria, te lo aseguro, y se come tan bien (y tan barato) que voy a evitar enumerar algunos de los platos para no babear el teclado mientras lo escribo. Lo que sí te puedo contar es que el bocadillo de jamón y la cervecita de tu regreso te van a saber a gloria bendita porque no vas a catar ni lo uno ni lo otro durante tu estancia. Eso sí, te vas a poner hasta arriba de whisky marroquí, uséase, de té verde con hierbabuena (¡y más dulce que la miel!). 

Bueno caminante, lo dicho, espero que te haya gustado este post y que te animes con ese viaje pendiente a Marruecos que tienes ahí en el tintero. Lo mismo vale para ti, que ya has estado, porque sé que estás deseando regresar, ¿verdad? 

No dudes en dejar cualquier opinión o aclaración en los comentarios, que no muerden. Nos vemos por los caminos, ¡ma'a ssalamah!